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Olas de tristezaEl terror del tsunami da lugar a viejas preguntas
30 de diciembre de 2004 Comparado con un avión que se estrella contra un rascacielos, los videos de aficionados que muestran olas de agua marrón inundando una piscina en un complejo vacacional no parecen inspirar tanto terror. Pero a medida que siguen apareciendo imágenes, y aumenta la cantidad de víctimas fatales — aunque aproximada — a más de seis cifras, la tragedia del 11 de septiembre pareciera empequeñecer. Por supuesto, el 11 de septiembre fue resultado de acciones deliberadas por parte de personas, mientras el desastre del tsunami es de una categoría totalmente diferente. No hubo acción humana, ni omisión, que causara esta catástrofe en el Océano Índico.
Las gigantescas olas asesinas fueron producto de un fuerte terremoto en el lecho del mar, aparentemente resultado del desplazamiento de placas tectónicas que durante años habían acumulado presión. Se calcula que hay costas que se han corrido unos 20 metros.1 Un terremoto de magnitud 9, como este, parece «casi el doble de malo» que uno de magnitud 5; pero la escala de Richter es exponencial. Lo cual significa que 9 es 10.000 peor que 5. {De hecho, se refiere esto sólo a la amplitud de la ola. La energía es en realidad un millón de veces mayor). El gigante terremoto sacudió al mundo con la fuerza de millones de bombas atómicas del tamaño de la de Hiroshima. Los instrumentos más sensibles han detectado un efecto en la rotación de la tierra; se dijo que el planeta «resonaba como una campana» después del terremoto. Los filósofos se refieren al problema de «un mal natural» — gente que sufre y muere a causa de cosas que no tienen vínculo aparente con «la maldad humana», o siquiera con la falta de cuidado humano. Tanta pena y dolor, tantas pérdidas aparentemente sin sentido, inevitablemente hacen que surjan las mismas preguntas sobre Dios que se formularon luego del 11 de septiembre. Es decir, no importa si es un «desastre natural» o humano, la gente dice «si Dios es todopoderoso y amoroso, ¿por qué permite que sucedan estas cosas?» Hace años, la jerga de las compañías de seguros, en especial para eventos que en los medios se describían con adjetivos como «bíblico» o «casi bíblico», era «acto de Dios» (fuerza mayor). En nuestra era, más secular y evolucionada, los informes suelen utilizar términos como «la furia de la naturaleza» o «la ira de la Madre Naturaleza». Pero ¿es que Dios sólo se sienta allí y «deja que suceda? Es decir, es «la naturaleza» independiente de Dios? Esta perspectiva daría a los cristianos la ventaja que quitar algo de la responsabilidad ante los desastres naturales, pero ¿sería una visión bíblica de Dios? Si Él es quien dice ser, el soberano del universo — Aquel que sostienen permanentemente a todo el cosmos con la Palabra de Su poder — hay implicancias en eventos como este. Sugiero que cuando suelto un resort comprimido y lo veo saltas de manera aparentemente casual en cuanto libera la energía almacenada, esto es — a pesar de las apariencias — algo que no «sucede porque sí», sin que tenga participación Dios (Sometería esta reflexión sobre el significado de la soberanía de Dios, a la conclusión de que o Dios está en todo, o no está en nada). De manera similar, las placas tectónicas en las cercanías de las costas de Sumatra, se deslizaron y liberaron una enorme cantidad de energía almacenada (y las consecuencias titánicas causadas). Esto no es algo que «simplemente sucedió», sin que Dios tuviera nada que ver. Como tampoco sucede por casualidad que el gorrión cae desde el cielo. (Mateo 10:29). Esto no significa que haya sido un evento «sobrenatural» o milagroso. El gorrión que cae puede describirse en términos de leyes naturales, como la de la gravedad, pero Dios está totalmente en todo ello. (Como dije antes, la «ley natural» describe la forma normativa operatoria de Dios en este universo, en tanto los milagros se refieren a su operatoria no- normativa. De igual manera, la combinación de genes cuando el esperma fecunda al óvulo seguirá las leyes del azar (según nuestra perspectiva). Y por ello, si una pareja con determinada combinación de genes tuvieran la suficiente cantidad de hijos, uno podría predecir que las 3/4 partes tendrían ojos marrones, y sólo ¼ de ellos tendría ojos azules — como lo determinan las leyes de la genética. Claro que si imagináramos que Dios no tiene nada que ver en esto, estaríamos presentando una burda caricatura de Él. Es de esperar que no muchos lectores pensarán que Dios depende del resultado de la lotería genética cuando se rata de nuestras propias capacidades y predisposiciones, tanto positivas como negativas. Sin embargo, si intentamos evitar la responsabilidad de Dios en este tema del tsunami, y dejamos pasar el evento como algo «natural» (léase «al azar»), estaríamos haciendo lo mismo: reduciendo a Dios, el todopoderoso Dios Creador que creó innumerables galaxias en un abrir y cerrar de ojos, a la posición de un espectador impotente. Poner a Dios al frente de todo evento, aunque signifique ser completamente bíblico, dará lugar a preguntas inquietantes, por supuesto, ante la pesadilla del Océano Índico. Por lo menos y ante todo, ante la inmensa injusticia. Los pobres campesinos, ya desaventajados en su vida cotidiana, han sido golpeados física y emocionalmente más allá de lo que resulta creíble. Niños arrancados de los brazos de su madre, ahogados en el agua. Ahora, antes de sentir ira ante la injusticia de todo esto, y ponernos en contra de Dios, tendríamos que alejarnos un poco de la imagen, para ver el cuadro completo. Todos los días mueren cientos de miles de personas. Esto lo vemos como algo «natural», aunque humanamente hablando, ¿qué hay de justo en ello? ¿Qué hay de «justo» en cualquier muerte? Si Dios impidiera todas las muertes excepto la de una sola persona, esa única muerte también sería «injusta» — quizá más injusta todavía. La pregunta, entonces, es mucho más grande; no sólo ¿por qué el 11 de septiembre?, o ¿por qué la tragedia del tsunami? sino ¿porqué existe la muerte y el sufrimiento, cualquier muerte o sufrimiento? Y los cristianos han de enfrentar esta pregunta porque afirmamos tener las respuestas al verdadero significado de la vida, del universo, y de todo. ¿Cómo se puede empezar a dar una respuesta cristiana, de integridad bíblica, sin tomar en serio la historia de Génesis?2 Esa historia nos relata la creación de un mundo que era bueno, en el que la muerte y el sufrimiento no eran «naturales», sino intrusos. Ocurren porque la humanidad se rebela contra su creador (Génesis 3). Pero si los fósiles formados a lo largo de millones de años, que tantos cristianos aceptan como «hecho», la Caída entonces no es la respuesta a la maldad, en especial a la «maldad natural», porque los fósiles muestran que sí hubo muerte, derramamiento de sangre y sufrimiento. Así que si existieron hace millones de años, antes de que fuera creado el hombre, también existía entonces el pecado. Esta es la piedra contra la que chocan inevitablemente los argumentos. Es la razón por la que la edad de las cosas no es un debate académico oscuro que los cristianos pueden guardar «para mirar después». Porque golpea al corazón de las preguntas más grandes en relación a la naturaleza de Dios, el pecado, la maldad y la muerte; preguntas que están en el centro de la creencia cristiana (o de los motivos para no creer, para tal caso). Sin embargo, y aunque inadecuadamente, cuando intentamos ver las cosas desde el punto de vista de Dios y no del nuestro, todo se ve muy distinto. De repente no hay nada injusto en la muerte de nadie, no importa en qué circunstancias. Dios es el Juez soberano, totalmente santo (1 Juan 1:5). Por ello sería imposible evitar ver Su completo aborrecimiento del pecado más pequeño siquiera. Desde Su perspectiva, sería totalmente legal y justo borrarnos a todos, del modo que fuera.3 Sin embargo, Dios también es misericordioso, amoroso (2 Pedro 3:9), y paciente. En la más profunda demostración de misericordia y gracia que podamos imaginar, Él se puso en nuestro lugar de seres humanos, como Dios Hijo. Vino a sufrir y a morir, no como un mártir, sino para que Su ira recta contra el pecado se aplacara, y para pagar la penalidad en representación de quienes ponen su confianza en Jesucristo y reciben Su don — el perdón por sus pecados y la admisión a la familia de Dios — por fe. Todos los días tenemos recordatorios de Su maldición sobre la creación. Cuando se ven focalizados por explosiones concentradas, como en este desastres reciente, recordamos doblemente lo terrible del pecado. ¿Es que nos volvemos insensibles al sufrimiento por conocer las respuestas a «la imagen completa»? No, para nada. Sentimos aún más compasión, así como el Señor Jesús sintió cuando vivió entre nosotros. A causa de Jesús, los cristianos — quienes toman la Biblia como Palabra de Dios, y conocen a Jesucristo como el Creador hecho carne — tenderán a estar entre los primeros que ponen la mano en el bolsillo para ayudar a aliviar la agonía. Permítame explicar por qué digo esto con confianza y esperanza. Un representante de World Visión me dijo confidencialmente que son las iglesias y cristianos bíblicos, conservadores, los que se cuentan entre los dadores más generosos para ayudar por medio de esta organización a la gente en los países más pobres.4 Tiene sentido, claro. La Palabra de Dios nos manda a hacer el bien a todos. Pero si uno no cree que la Biblia es realmente verdad, entonces habría pocos motivos para hacer sacrificios por los demás. En tanto (si puedo hacer una leve modificación a las magníficas palabras de aquel gran misionero C. T. Studd): «Si Cristo es Dios y murió por mí {es decir, si la Biblia es real y completamente verdad} entonces nada que haga yo en obediencia a Él es demasiado». Agregado (4/1/05) — más recursos en nuestro sitio web
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Referencias y notas
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